El Centinela

Al no obtener nada después de levantar las manos hacia el cielo en señal de clemencia, miles de personas han comenzado a desconfiar de Dios y de sus compañeros que, en otras religiones o departamentos —si es que el paraíso se asemeja más a un centro de quejas y sugerencias—, cumplen más o menos las mismas funciones.

Debido a que sus peticiones no han sido procesadas ni atendidas, estas personas optan por abandonar la confianza que otrora sus propios padres le heredaron al obligarlos a confiar en una religión. ¿Cosmogonía dirigida por un anciano milenario que cumple favores a cambio de que la gente en la tierra le haga una plegaria que confirme su existencia?

Desde luego que Dios, quien quiera que sea, controla todo lo que ocurre en el mundo. Al menos bajo la mirada de Jaime Sabines así funcionan las cosas: en su poema “Me encanta Dios”, el…

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